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El bienestar financiero es un tema que se ha vuelto más visible y relevante en los últimos meses, especialmente en el contexto que estamos viviendo. La incertidumbre, preocupación, ansiedad, tensión y temor, son solo algunas de las emociones que afloraron durante los últimos meses, como consecuencia de los problemas económicos y sociales que se generaron a raíz de la pandemia.

Continuamente leemos artículos, tips, vemos videos y recomendaciones de todo tipo, sobre cómo mejorar las finanzas, cómo enfrentar económicamente a la incertidumbre y muchos otros temas sumamente interesantes relacionados con el manejo financiero.

Registrar los gastos, evitar compras innecesarias, disminuir los pedidos de delivery, planificar efectivamente las compras del supermercado, apartar porciones del salario para el ahorro, son solamente algunos de los pequeños pasos o acciones que nos permitirán avanzar hacia el bienestar financiero. La mayoría de estos esfuerzos se basan en la disminución de los gastos opcionales y variables, como las salidas con amigos, cenas en restaurantes (o delivery), las comidas especiales, visitas a la peluquería y otras actividades que suponen gastos que podríamos evitar.

Sin embargo, en la vida cotidiana, nos damos cuenta de que poner en práctica estas acciones no resulta tan fácil como aparenta, ya que privarnos de dichos gastos o actividades, implica renunciar a esas cosas que creemos que nos hacen sentir mejor. A esto se suma el hecho de que, a través de las redes sociales y en la mayoría de los medios de comunicación estamos constantemente expuestos a imágenes y mensajes de un estilo de vida que muchas veces no podemos alcanzar.

Esto refuerza aún más la propensión a realizar compras y gastos superfluos con un efecto paradójico: si bien, por un lado, generan una gratificación instantánea que afectan positivamente nuestra autoestima y humor (al darnos ese “gustito” nos sentimos mejor, más lindas/os al salir de la peluquería, etc.), por el otro lado afectan negativamente al logro de nuestros objetivos financieros.

De esta manera, cuando analizamos las emociones que rodean estos gastos superfluos descubrimos que, luego de los sentimientos positivos momentáneos, se generan otros sentimientos que tienen un efecto más prolongado en nuestro bienestar: frustración al no lograr objetivos, culpa, preocupación por los gastos realizados, etc.

Es por esto que, aprender a controlar nuestras emociones de manera efectiva, evitando que sean las emociones las que controlan nuestras acciones -es decir, desarrollando autocontrol emocional- es vital en el logro de cualquier objetivo financiero y permite el mantenimiento y/o alcance del bienestar financiero y con esto, el bienestar integral.  

Lo positivo es que el autocontrol emocional es una capacidad que puede ser desarrollada y fortalecida, y en el contexto de finanzas personales, existen varios hábitos que pueden ser practicados para reforzarla, algunos de ellos los presentamos a continuación:

En primer lugar, es importante elaborar un presupuesto de gastos, que -según la propia situación económica- incluya de manera controlada algunos de los gastos superfluos que estoy acostumbrada/o a realizar, analizando y reconociendo aquellos que no estoy dispuesto a eliminar. Por ejemplo, si reconozco que no deseo dejar de comprar hamburguesas los fines de semana, defino un presupuesto para compras de hamburguesas y, en lugar de comprarlas cinco veces o más en el mes, las compro una o dos veces al mes.  Esto facilita el autocontrol, ya que el gasto no es eliminado en su totalidad, sino que es controlado e incluido dentro de un presupuesto adaptado a mis posibilidades, disminuyendo la ansiedad que pueda generarse.

En segundo lugar, cuando nos enfocamos en una meta, debemos allanar el camino, eliminando o minimizando amenazas; esto implica evitar situarnos en posiciones que sabemos que tendemos a perder el control. Por ejemplo, si estoy limitando las compras de ropa, evito temporalmente ir al shopping o seguir redes sociales de mis tiendas de ropa favoritas.

En tercer lugar, buscar la manera de canalizar nuestras emociones a algo que esté en línea con las metas que nos trazamos, en lugar de dificultarlas. Buscando, por ejemplo, hobbies o actividades que no impliquen gastos como realizar actividades al aire libre, salir a caminar o hacer ejercicio.

Finalmente, es importante reforzar el compromiso con el objetivo propuesto, recordándote que este objetivo, te acercará a ser quien querés ser en el futuro.